jueves, 3 de noviembre de 2011
GAMALIEL Y EL ORÁCULO DEL AGUA
martes, 11 de enero de 2011
Revista de Literatura "El Hablador", Gamaliel Churata y el Grupo Orkopata
"La vocación continental del Boletín Titikaka" (1926-1930), de Giancarlo Stagnaro. El Hablador 4: http://www.elhablador.com/titikaka.htm
"La vanguardia peruana y Alejandro Peralta", de Dimas Arrieta. El Hablador 14: http://www.elhablador.com/est14_arrieta1.html
"Apreciaciones en torno a Resurrección de los muertos,de Gamaliel Churata", de Aldo Medinaceli. El Hablador 14: http://www.elhablador.com/est14_medinaceli1.html
jueves, 26 de agosto de 2010
"RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS"
"RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS"
En un acontecimiento histórico, se ha publicado el libro inédito de Gamaliel Churata "Resurrección de los muertos", largamente esperado desde que Riccardo Badini anunciara su publicación hace algunos años. El libro es, como era de esperarse, voluminoso (bordea las 800 páginas), tal como lo describiera el propio autor en la conferencia en el cine Puno, en 1965. Este libro viene a complementar la saga iniciada por EL PEZ DE ORO, que se irá completando con la publicación de varios textos que aún permanecen inéditos, en una suerte de Nueva Enciclopedia del Saber Humano, o como le llamó Churata "La epopeya del hombre-animal".
sábado, 15 de mayo de 2010
"Tojjras" de Gamaliel Churata, nuevos hallazgos.
Bajo el título de "Tojjras", Gamaliel Churata publicó una serie de relatos breves en distintas revistas durante 1926 - 30, se recuerda especialmente los publicados en AMAUTA, luego recogidos en el libro "ANTOLOGÍA Y VALORACIÓN DE GAMALIEL CHURATA". Pues bien, aquí publicamos algunos TOJJRAS no incluidos en la revista Amauta ni en ANTOLOGÍA Y VALORACIÓN. Este hallazgo le pertenece a Mauro Mamani Macedo, a él le debemos el rescate de estas joyas del maestro Gamaliel Churata."Tojjras".
TOJJRAS
A Roberto Latorre, fuerte espíritu,
pensamiento generoso.
Utilidad de las palabras
Nina está enferma de los pulmones y tose a cada rato que parte el alma.
- ¿Tienes mal el cerebro, Nina?
En las facciones demacradas, la tez cobriza adquiere una trágica acidez. Su historia es breve. Dejó la tierra de sus padres, hará diez años largos y nublados. Tiene 28. Se la llevaron sirvienta de casa adinerada en población tentacular. Inició la pendiente en brazos del amo de la casa, resbaló en brazos del “niño”, el celador y el criado, por fin, le mostraron la callecita del prostíbulo… Fresca, fuerte, buen embutido indígena, con lentitud, pero firmemente, se debilitaron sus tejidos, hasta que el pulmón vanidoso y potente, dio albergue al bacilo… uno, tres años, y del hospital donde se podría, se alzó para retornar a la chujlla nativa, en el ayllu riente, de aires limpios, de aguas terapéuticas…
- Sí, sí: espera, la tos sobre todo. Fíjate, mis pobres ojos irritados, llenos de sangre. Es el cerebro.
Me callo. Qué podrá consolarla? ¡Pobre tutatuta! Demasiado conozco su mal para intentarlo.
Sigue la balsa deslizándose sobre los llachos. Las aves, hundiendo el cuello para hacer la merienda, reman hacia la orilla. El sol se ha desviado del zenit. Nos da en la cara…
- ¡Qué Sol, qué Sol, Nina!
- Me arde la cara
La sangre ahora invade tus mejillas. Estás graciosa…
- ¡Me ardo!, ¡me ardo!
- Es la debilidad del cerebro. Espera. Allá… recuérdalo. ¿Ves? Al fondo entre los llachos, ¿distingues? Son las carachas. Si las tomaras, tu pobre cerebro renacería…
- ¿Verdad?
- Nina, Nina: la verdad, la verdad: los carachas curan la tos.
La pobre mujer miró profundamente en el horizonte. Cerró luego los ojos retintos, grandes, sesgados, bellísimos.
La estreché la mano con una piedad sólo comparable con mi dolor.
- ¿Lo crees, Nina? ¿Lo crees, Nina?
Ópera
Apoyó la mano sobre la roca áspera color de hueso. Los cinco dedos de su mano se dibujaron sobre la roca áspera color de hueso. Rebrillaron al Sol facetas perla, eran conchas de moluscos fosilizados. Las conchas rebrillaron a través de los cinco dedos de su mano en una simple melodía.
Su alma le dijo:
- Runa wayna…
Nada repuso él. Sus ojos miraban sin ver. Desde la montaña en que estaba no percibía, no quería percibir el aliento del ritmo.
- ¡Runa wayna!
Como si fuese una antigua solicitud al fin colmada, pero sin apremio, con dulcedumbre, en paz, respondió entonces:
- Alma, mía, ¿Qué me quieres?
Con acento uncioso de madre, su alma le dijo:
- Chiquillo: ¿Vas bien? ¿nada te hace vacilar en el camino? ¿sufres? ¿quisieras, acaso, dormirte ya? ¿sabes de dónde vienes? ¿quién eres?
- Alma, ¿sé, acaso, quién soy yo? Y no conozco mi deseo.
La montaña, revestidas las formas de su espíritu, un poco semejante al anciano y dolorido Glauco, luengas barbas de plata vieja, ojos de serenidad, voz de rito, clamó con largas y profundas voces en el trueno:
- ¿Por qué dudáis que os pueda acompañar en una charla de amor, si soy un locuelo rapaz de espíritu alegre, amante de doncellas y de besos? Mi quietud os engaña, porque no veis en el laborioso mecanismo de mis órganos. Os sustento, luego vivo, ya que soy función.
El alma le miró con el sentido de lo bello.
- Alma de Cántaro, ¿por qué te aturdes? Tú ignoras si vives…
El muchacho urgió la chispa de su lámpara.
- ¡No digáis más! ¡no digáis más! En vosotros se detiene la sucesión: el límite clarifica en vosotros.
El alma sentenció:
- Naciste para el armonioso vuelo de un momento…
Y la montaña, como si le quedara en los labios el sabor de pasados idilios, agitaba sus alegres brazos músculos.
- ¡Leed, viejos! ¡fetos, analizad!
En ese instante fúlgido, la vida era la permanencia del movimiento, proveniente de la inmovilidad estática de una voluntad superior al pensamiento; el Tiempo, grano de esa voluntad en quien, merced a eficacias de arte incomprendido, se veían palpitar el principio de avance y el principio de retroceso. Fluía del ambiente esta consoladora parábola: En aquello que tiene apariencia la muerte, germina el movimiento superado en esencia. Un pueblo que se detuvo, es pueblo que viene. El hombre, un temblor de futilidad…
Génesis
Las cordilleras, desperezándose del sueño cíclico, se alegraban en las primeras auroras. Era el principio de la vida… Icona, el Teutl azteca, congregó su divina y numerosa prole:
- Chiripia, dijo, diosa madre, seno prolífico, tú, Tierra, pura y fecunda, sé la primera en acudir a mi llamada. Venid luego a rodearme: Tlazoutl, hacedor del espasmo, dios de la lujuria; Ometochtli, el que vendimia los lagares, propicio a la embriaguez; Viteilopuchtll, amigo de las gentes de guerra, primera lanza en las batallas, Teutl irascible, Bacab, generoso amigo de la prolificación, dios tutelar de los hijos nacidos de mujer; Estruac, el de alas transparentes y finas, amigo del aire y de la nube; Tlaloc, monarca de las aguas, conducidor de las mareas, y tú, hijo predilecto de mi hueso, ¡Oh Quetzalcoahtl!, reformador de las costumbres, pastor de hombres… Oídlo, el mundo acaba de nacer, con su flor de luz y sus talluelos de alegría. Caed, caed hijos míos: cada uno siembre su espíritu y todos modelen sabiamente la parte que les toca en la estructura del hombre. El que construya tenga manos de sembrador y corazón de jayán… Bacab, sé diligente, Viteilopuchtll, siembre el dolor y la muerte. Quetzalcoahtl, sobre todo escombro levante la grandeza de los pueblos futuros. Sea Chiripia, permanente en los frutos…
A manera de aves golosas los dioses cayeron sobre la patria azteca.
… Y al sur de
Y es su solo nombre, profunda jubilación perenne que florece el principio de una alegría en labios del hombre sin antigüedad renovada, brote del instante.
Parábola de la utilidad
- Las virtudes de mi sustancia, dijo el Matakllu a
Y repuso
- Verdad dices, Matakllu; pero no niegues que en el ritual sagrado fue mi sitio.
- Eras la preferida del Inga, la insignia de su estirpe, sí; pero no negarás tampoco el poder de mi espíritu sobre algunas deformaciones de la vida. Yo produje milagros que hacían llorar.
- Te refieres a Yawarwaka?
- A él.
- Cierto; le prestaste gran servicio, servicial como eres, Matakllu.
- Bellos eran sus ojos como el cielo que tiñe el arrebol que anuncia helada. Bellos y tristes, como hermosa y digna de Viña-wayna, la victoria sobre los Chancas.
- ¡Gloria al joven vencedor! ¡Cuán desmedradas andan las cosas, Matakllu, que ni yo vuelvo a coronar testas de héroe ni tú recobras tus virtudes!
- Nos queda el recuerdo.
- Agitémonos en él.
- Para que el recuerdo vivifique, encerrémonos en la contemplación de nosotros mismos.
- Las cosas se agradan cuando se las mira en el fondo de sus pequeños mecanismos.
- ¿Vives feliz?
- Feliz, no: ya no sirvo. En la utilidad se encierra la dicha.
- Mi utilidad es mía. Depende de mi propia aplicación. Que fui feliz en otras épocas, sí; pero ahora también lo soy. Mi utilidad está en que me realizo todos los días.
- ¿Qué piensas de mi destino?
- Nunca te veo inútil… ¿y tú del mío?
- Siempre te veo útil.
- Haz complementado mi tiempo. Es un esparcimiento de alto linaje, hablar contigo, Matakllu…
- Asimismo, amiga Kantuta, me haz traído algo que siempre falta: la utilidad del instante. Me siento feliz. Diría que he devuelto la seducción de unos bellos ojos há tiempo marchitos. ¡Mi alegría crea en la luz que me envuelve y viste de color!
La verdad en el viento
¿Comenzamos? ¿Nuevamente? ¿Habemos de comenzar siempre? ¿Cada día? ¿Cada hora? ¿Pero está seguro alguien de haber comenzado alguna vez? ¿Lo que tiene principio existe?
Oigo el canto del viento…
Wayra-orko. Eso era la montaña pajiza, –dice el Viento- nido, cuna, fuente, origen de vientos… Un ala del viento helado pasó rozando el techo de la chujlla. Las pajillas se resquebrajaron dejando paso al viento. Dentro estaba la familia acurrucada sobre tarimas de tierra, cubierta con mantones de tejido avasca, cernidero de fríos. ¿Pensaban? Intentemos saberlo. El padre tenía cincuenta años, de morir grandes deseos y creciente afán de sembrar nuevos surcos. La madre, buena de ánimo, era dulce de palabra y suave en la acción. Al mayor de los hijos, pomposamente, le llamaba: León. ¡Titi! ¿Qué haría éste? Hasta allí fue manso y robusto. Cuidó bien de las bestias y madrugó el primero.
Wawa-wayra. Vuelve a decir el viento. El manso y tibio y suave relente; el que viene cálido y afectuoso, saturando en el aliento de la campaña aromada. El viento de la primavera. El de los días claros de Sol. Primer azar de
¿Nuevamente?
La noche es arcano –torna a decir el viento-. Todo es noche. En la noche se ven los cerros alzarse cuan montones de basura que son la ansiedad hacinada en
Y en este punto recoge el viento sus cuchillas veloces…
Gamaliel Churata
Puno.
martes, 4 de mayo de 2010
"Biografía del espíritu Bárbaro", un retrato de Gamaliel Churata, fundador del movimiento Gesta Bárbara.
Diario Última Hora,
Archivo: Arturo Vilchis.
BIOGRAFÍA DEL ESPÍRITU BÁRBARO
Por: Carlos Montaño Daza
Hay muchas personas que al considerar la actividad de esta agrupación dinámica de estetas, saben que ella no tiene sólo los cuatro años que hoy celebran. Es preciso revelar que en efecto no tiene cuatro años, sino dos décadas y más de un lustro.
Entre los intelectuales que formaron el grupo está Armando Alba, yo he recogido de labios suyos y de algunos de sus compañeros -hoy maestros de la intelectualidad boliviana- detalles que servirán un día si Dios me lo permite para trazar un panorama de los movimientos juveniles de nuestra cultura.
Era el año de 1919. Había llegado a
Andando el tiempo cuando ese joven extranjero, retornó a Bolivia y actuó en la prensa diaria de
Allí, alrededor de este hecho y de este hombre, surgió la institución de “Gesta Bárbara”. Fue un movimiento juvenil insólito. La publicación del primer número de su revista causó asombro, pues había en sus páginas tal sentido de buen gusto y de la jerarquía mental que, realmente, se le consideró como una de las publicaciones de mayor importancia de su género en América.
Los bárbaros, con propiedad así llamados, eran, real y positivamente, bárbaros: tenían una emoción primigenia de la vida y en sus labios afloraba la visión de una Bolivia juvenil y dinámica. Para entonces se había sumado a ese grupo una mujer superior: Doña María Gutiérrez quien abre el nuevo capítulo que hoy celebra el cuarto aniversario -de Gesta Bárbara-. “Gesta Bárbara” ya no es un movimiento potosino, es un movimiento boliviano, alcanza a todos los puntos de
Bien; no es sin intención que he querido hacer esta rápida recapitulación; ha sido más bien con el propósito de ofrecer a los nuevos “bárbaros”, un ejemplo, un antecedente a modo de trasunto de sus deberes. En ese grupo juvenil de 1919 casi no hay un valor perdido. Carlos Medinaceli es el primer crítico literario de Bolivia y un novelista extraordinario en “
Y así ese grupo inicial no está en declinación sino en plena madurez creadora y de él se puede esperar mucho. No se descubre acá la obra germinativa de una acción inicial. Ciertamente ¿Qué gran sentido de vitalidad tuvo esa acción de 1919, en que ese grupo de muchachos imberbes, sin proponérselo realizaba una labor para el porvenir? Las calles potosinas solían llenarse de la voz estentórea y romántica de Walter Dalence, recitando a grito abierto sus catilinarias rimadas y allí ensayaba el noble espíritu panfletario de este católico rebelde, sus actitudes desconcertantes; pero ya todos los del grupo que caminaban en pandilla eran identificados, se les toleraba y se les quería. Sus locuras se perdonaban en gracia a que eran locuras de muchachos de talento que en cada presentación asombraban al público. Ciertamente comprenderá hoy la sociedad potosina que su tolerancia no fue estéril porque el grupo inicial de “Gesta Bárbara” ha dado honra a Bolivia y sigue honrándola y sirviéndola.
A nosotros, hijos o discípulos de esos epígonos, nos corresponde seguir esa huella de pulcritud espiritual y de nobleza en la lucha por la cultura.
martes, 6 de abril de 2010
Boris Espezúa, premio Copé Oro de Poesía
En esta ocasión vamos a ocuparnos de nuestro markamasi don Boris Espezúa Salmón (Juli, 1960), quien recientemente se ha impuesto en la XIV Bienal de poesía - premio Copé de PETROPERÚ, con el poemario "Gamaliel y el oráculo de agua" . Desde esta trinchera saludamos al hermano Boris por tamaño logro, que no hace sino reafirmar el viejo adagio que dice de Puno que es "Tierra de poetas". En lo que respecta a la temática del poemario, bien vale consignar sus impresiones: "Es un libro polisémico, que muestra ritos, mitos, danza, magia, algo de filosofía y religiosidad andina, todo ello en base a la figura de Gamaliel Churata que en el libro es quien habla a través de un pez del Titicaca, y a través de sus propuesta cultural que es el eje vertebrador del libro, la poesía es coloquial, a veces épica y diría basado en la historia y cosmovisión altiplánica. Creo que es fruto de un esfuerzo de años, y que significará para el Perú un aporte de este lado del país que no es sino una voz de peruanidad y de identidad." (Entrevista por Fernando Chuquipiunta.) Así, Boris Espezúa se inscribe con autoridad en la rica tradición poética de nuestra querida tierra kollavina, digno heredero de Oquendo de Amat, Alejandro Peralta, Dante Nava, Gamaliel Churata, Alberto Mostajo, y demás vates que le dieron brillo a la poesía puneña.
Navegando en la web he hallado el sgte. poema de Boris Espezúa, es un homenaje al maestro Gamaliel Churata. Lo consigno aquí como reconocimiento al talento y a la inmensa labor de nuestro amigo Boris.
vino; pues no siempre nace uno donde debiera.”
Gamaliel Churata
nací al radiar el cronopio rojo de junio
un año de 1897,
después de 10 días del desbrozo fui bautizado
como: Arturo
y desde allí mi sobrenombre no se colgó
del olvido.
No sé desde cuando estuvo detenido la escarcha
de mi voz, entre muchos silencios que guardamos o en el austero
lenguaje del ande,
lloré en la simiente de infinitos brazos y senos de barro,
que me recibieron en este universo ajeno y nuestro.
no sé qué manos se sacaron de la matriz donde sepulté mi sed,
ni del viento que rompió mi cara, si sé que toda mi vida quise volver
a la entraña de mi vejez fetal.
Cruzaron en mi infancia el sollozo de ovejas y totoras
que me llevaron a otros patios del pensamiento,
donde esparcí mi sombra, y mi cerebro sobre el fuego,
mitades de luz donde se trizan en un filtro los odios y las
intransparencias.
En el fondo del Titicaca donde el pez lunar anuncia
un rayo iluminando la dimensión fatal del equinoccio,
sin plegarias, y con membrunas palabras para desdoblar los
caminos, invocamos la fe, para redimir con los Dioses el vuelo de
las cenizas en altivas humaredas.
Taciturno y fiero la palabra aporía rompió las alas
del moscardón, crecí entre cantos y miradas fruncidas
harto del desprecio y los años malgastados,
empecé a juntar las manos desde mi nativa morada,
y el mestizaje impuro deshabitó en mí, para arroparme
desde el suelo con las desoladas noches que guardan retazos negros.
Nací para rodar en el martirio de mi raza, y no embriagarme
con la tristeza.
Crecí en
el pan sólo es compartido del lado más seco del desdén,
supe que habíamos nacido con el tifus húmedo de las piedras de los otros
que mezclaron en la piedra madre su sangre con la tierra salada,
las salpicaduras de sus deshechos.
viernes, 26 de marzo de 2010
INDAGACIÓN DE LOS KUNTURIS
Anatomía del Suelo
por GAMALIEL CHURATA
Especial para EL COMERCIO del Cusco
A Yunguyo se llega por cualquier camino de la tierra. Yunguyo es aquel punto equidistante de toda linde trabajosa. En todo lugar donde se reúnan los hombres para comerciar comienza el país de Filestea, y allí la vida y los hombres adquieren sabor y perspicacia. Si yo mirara con más rectangular hondura hoy este espectáculo comercial de Yunguyo, tendría una visión férrea de cintajos metálicos cruzando un país de rostros cúbicos. Pero no. No olvido que Yunguyo es un ayllu, y que ayllu quiere decir en terminología peruana, célula y hasta nido, tapa de pueblo. Es el ayllu trocado en tumpu no ya para el intercambio de productos, para la chala, sino para los efectos del capital comercial. Acá se siente la rudeza del tuyo y del mío, y se la siente sobremanera debido a que Yunguyo representa la contradicción de los ayllus en la ciudad, o mejor dicho, su concentración. El ayllu es una sucesión de parcelas, Yunguyo ayllu es la concentración de las parcelas en un pueblito. Y este pueblito hace más sensible la diferencia de tonos que va del montón paradisíaco del campo a la agriedad del libre cambio sobre la frontera. La faz cuprífera del jake, junto a la cabeza rubia del hijo de la Romaña, es algo que interesa al negocio como a la pintura y a la antropología. Pero lo cierto es que el rubio itálico es el amo acá donde el viejo o aymara permanece inmoble. Los vecinos (por ellos se entiende a los mistis) forman una casta social aparte, pero no son una raza aparte. Más fácil resulta encontrar en el ayllu libre la dulce fascinación de un rostro fémino que en la ciudad, donde las hembras tienen en verdad rictus descachafados. Y esto es claro; en todo Yunguyo-ayllu es la probeta donde clarifica el tipo venidero. Un estudio genealógico nos llevaría a la conclusión de que el Ayllu-campo, está ramificado en el Ayllu-ciudad, que éste no es sino resultado de aquél, pero al mismo tiempo su núcleo...
Este panorama de Yunguyo es un piélago donde la oferta y la demanda son sístole y diástole. Inútil buscar perspectivas sentimentales. Se valoriza el hombre en moneda, y la mujer -tan escasa- queda desvalorizada. Junto a la uta misérrima que explota tres o cuatro surcos de tierra, flaca, está rondando perpetuamente el hambre. Pero la pobreza es el mejor estímulo del asalto, y el jake abandona sus tierras y se echa por los caminos, en busca de la fábrica y de la servidumbre que se traduzcan en ahorros capaces de permitir el retorno. Y es esta la cuestión magnética que aquí se observa: la tierra es pobre, pero hay que tornar a ella, por uno o por otro camino; pero tornar al fin. He ahí cómo la sociedad del ayllu y su aspecto pobre, en una incitación a la alegría. El indio generalmente lo busca para descansad de los rigores del paludismo, para retemplar la vértebra de los rigores de la urbe. En la uta, siente la vida hacia adentro, como la siente hacia afuera en la ciudad. Aquí se alegra. Su casita lo revela claramente: la libertad viene de la tierra. Esta es una proclama que fluye del ambiente. Y la libertad del ayllu, su alegría ha sido conquistada en seis o más meses de labor en los pueblos de población densa.
Yo contemplo con insistencia al jakenaka en esta perspectiva de los ayllus libres. Yunguyo tiene no más de tres “fincas” y cada una de ellas apenas merece el nombre. La parcelación ha llegado hasta lo infinitesimal inconcebible, si lo infinitesimal económico es lo aritméticamente deglutible. Repito que hay hombre que vive sobre tres surcos, y tiene familia. No se sabe cómo está forjada la psicología de un hombre que vive sobre tres surcos. Cuando me acerco a Feliciano Condori, de bello rostro vernáculo, leo en sus ojos el pavor... ¡Ah, este hombre no ignora en momento alguno que sólo posee tres surcos de tierra! Claro resultará si el terror es su penate. ¿Qué puede hacer en su defensa quien no posee sino tres surcos de tierra? Tres surcos, no levantan en el mejor de los años simiente para comer seis meses. Pues Condori es el hombre de los tres surcos, o séase, el hombre de las tres limitaciones: él no puede contra el gobernador, porque no tiene rendimiento para vencerlo; él no puede contra el cura, porque tampoco produce hasta serle grato; no puede contra el tinterillo, el kelkere, porque resulta parroquiano sin bastimento. Y no pudiendo con estas tres deidades de la aldea, Condori es el esclavo de ella, esclavo en la relación de servidumbre menos edificante. De tal manera, podemos llegar a la conclusión que la psicología del hombre de ayllu, en estas condiciones, es la psicología del resentido. No hay en el gesto, en la voz, en el andar, sino signos de una hondísima preocupación... La debilidad arrastra de la preocupación al pensamiento, Condori, así es el vigía de su ayllu; el hombre en cuya conciencia se refractan al vivo todos los dolores de su casta. No habla. Y no le hace falta. Mira por lo bajo, con desconfianza, y con sólo hacer esto revela toda su interna rebeldía. He ahí por que no forma en la secuela del gobernador. ¿Para qué? No tiene con qué hacerse agradable. El presente, el obsequio es lo único que hace agradables a los indios. Pues, por lo mismo, sigue reconcentrándose, sigue resintiéndose...
No obstante, de esta honda cima de descontento surge la braveza y la ternura. Ya la naturaleza salpicada de utas en la quietud polícroma del crepúsculo en un salterio; se ahila y el hombre en su vieja emocionalidad de jakenaka siente fluir la paz y el misterio de la tierra en el arrobamiento. He ahí el hombre... he ahí la mujer... Se destacan en la paz o contra ella, y son el consuetudinario motivo de la vida. Con ella o contra ella. Es decir, con la tierra o sin ella. Es uno el dilema. Con ella o sin ella. Si interrogáis al jake os responde: ¡con ella! Ella lo es todo para él. Y siendo un asalariado de las ciudades, viene a la parcela, a “sentirse” el jakenaka, el urinaka, el hombre libre, el insumiso, el indómito domador del surco. Así se alegra, en su capacidad de hombre libre; y entonces afluye a la aldea, a Yunguyo-ayllu en sus coloridas tropas de challpas, de kena-kenas, de charabaratus, vienen de Anapia o de Keñuani, y tiene la inocente e infantil alegría de los llokallos que allá quedaron entre las utas... Mas ocurre que detrás de estas tropas, vienen hoy otras, rígidamente formadas, sanas, severas, son las tropas de movilizables, las escuelas del ayllu –que nada cuestan al estado sino la impertinencia de la visita de Inspección, nuevo modo de ejercitar la tiranía burguesa sobre el indio proletario y alegre– todas naciendo de la entraña misma del Condori, ese hombre de tres surcos.
Todo esto es alegre. Comunica placencia, vigor. La tropa de los Condoris, de los hombres sin tierra, así, se insume en la conciencia cartaginesa del poblacho contrabandista, y baila y se embriaga.
¿Una alegría triste? No. Alegría sin tierras.

